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Lunes, 21 de Mayo de 2012.     

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La estantería

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Giganta comenta

Junto a la plaza de Crevillente, en las inmediaciones de la calle Mena, vive una mujer que mide tres metros. No se atreve a salir a la calle durante el día, así evita que los pájaros aniden en su cabeza .Sale por la noche vestida con una túnica blanca . Sobre la cabeza lleva un turbante con una luz azul para que no la confundan con un semáforo. Tiene prohibido asistir al teatro y al cine. Crece por voluntad propia y su mayor deseo es ser tan alta como la luna. Si le preguntan que para qué, responde que para ver a los soldados de Cataluña y se queda tan tranquila sin haber meditado el alcance de la respuesta, lo cual demuestra que es una verdadera inconsciente. Cuando va a la peluquería se enfada porque Ramón se niega a subirse a la escalera para ponerle los rulos y nadie quiere decirle que en Cataluña ya no hay soldados sino mozos de escuadra.

El péndulo de oro comenta

Antonio Pérez de Portacoeli, vecino ilustrado de la calle Mena, pero venido a menos, viéndose obligado a vender parte de su patrimonio para subsistir en estos tiempos, vive Dios, entró cauteloso en la tienda donde se anunciaba a bombo y platillo que compraban oro y pagaban bien. -¿Cuánto trae?-le preguntó una sofisticada chica de porcelana. -Pongamos una media hora, digo yo. Vd, verá. El señor de Portacoeli nunca comprenderá por qué apenas iniciada la discusión con la aporcelanada señorita, se presentó la policía que nada sabe de sutilezas ni mucho menos de refranes, y es que eso de que el tiempo es oro son cuentos chinos y a ti te encontré en la calle.

Un ratón en calzones comenta

Cuando llegaron las abejas a las inmediaciones de la calle Mena, entre Cristóbal Sanz , cruce a Doctor Ferrán ,Rufino salió a darles la bienvenida, primero a la reina, inflada como una bota, ocupadísima en el quehacer del enjambre, después a las abejas obreras y más tarde al guardia municipal que rodeó con unas vallas el árbol donde habían anidado. Rufino se quedó embobado, las abejas habían venido un año más. al árbol donde los chiquillos colgaban botas viejas y sujetadores descoloridos . La reina quiso saludarle pero las obreras no la dejaban respirar, sopla que sopla, coloradota y madruflera. Rufino se sintió generoso , abrió la puerta del corralito y dejó en libertad a más de 40 pollos tomateros que esperaban el matarile. Se subió al árbol, le dio un beso a la reina , salió volando con el enjambre en la mano mientras por la calle abajo van, como siempre,los dos ratones el de las enaguas y el de los calzones.

Martinica, la verdulera comenta

La puedes ver en los aledaños de la calle Mena, lleva un carro de verduras que arrastra con cierta dificultad, como si las hojas de las lechugas fueran de acero y las alcachofas de hierro fundido. Se acerca a ti con disimulo, mirando de reojo y en cuanto te descuidas apareces dentro del carro envuelto entre hortalizas bulliciosas, recién cogidas, que son de un huertecico que tiene mi tío ahí mismo en las afueras,ya sabes, chico, que no te engaño. La Martinica se sienta en un banco a descansar y te abre el carro para que respires, tú sacas la cabeza y entonces ella aprovecha para darte un beso en mitad de la frente porque eres un buen chico y a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga.

Cosas de monstruos comenta

Vaya por delante que Pepito Pérez iba ciscado de miedo a ver al monstruo de las calderas del colegio de la calle Mena, de hecho, el monstruo llevaba todas las de ganar y Pepito Pérez las de perder, sin embargo, en el último minuto ,Pepito Pérez tuvo la genial idea de invitar a su amigo Pablo Martínez, y éste a Pedro López, que a su vez invitó a las gemelas María y Susi Fernández, hasta que la invitación se hizo general y en un santiamén toda la clase de 6ºB se presentó de sopetón en el sótano . El monstruo , que en un principio se las daba de machito, no supo donde meterse y ,muerto de miedo por la que se le venía encima, se refugió en un zulo debajo de la caldera, aprovechando un dispositivo secreto que tenía para hacerse el tonto y salirse por la tangente, por algo estaba en uno de los mejores colegios de la ciudad y, por supuesto, el mejor de la calle Mena.

Una niña en la azotea comenta

Cuando la niña Dámaris sube a la azotea se le ponen las mejillas de color azul y los ojos le hacen chiribitas. Es la reina de los piratas, desde la escalerilla del ascensor da órdenes a sus secuaces, el viento huracanado, los malos humos y un cuervo despeluchado, su secretario. Un espía culicorto acecha detrás del albornoz pardo del abuelo del 5º.Las sábanas de la señora Engracia son las velas del barco enemigo. El ascensor ruge embotellado en la tormenta .Ahora se esconde detrás del barco enemigo para que mamá no la vea cuando suba a recoger la ropa. La niña Dámaris es la reina de los mares .De mayor quiere casarse con un pirata y chúpate esa, María Teresa.

El vampiro de la calle Mena comenta

En la calle Mena hay un colegio. Los niños tienen mofletes de cabello de ángel y las niñas lucen criznejas doradas. En el colegio hay un sótano. En el sótano está la caldera del monstruo de las calderas y debajo de la caldera, junto al sarcófago del vampiro hay un pasadizo secreto donde habita desde hace años una familia de escarabajos de la Atlántida. Durante el recreo, el vampiro sale del sarcófago para espiar a los niños y niñas por las rendijas .Es un vampiro tímido y no se atreve a dar la cara. Se conforma con soñar el día en el que se encuentre a solas con la profesora doña Clotilde. Los niños de la calle Mena están aún muy tiernecitos. Dicen que a la profesora doña Clotilde, cuando se enfada, se le hinchan tanto las venas del cuello que da gusto verla.

Pajaritas de papel comenta

A lo largo de la calle Mena hay pequeños talleres artesanales dedicados a hacer papel, unos lo hacen de fumar, otros de estraza, algunos higiénico, siempre a la gresca con los de papel de lija, por aquello de la suavidad y textura; los menos, papel cuché. Aún quedan unos cuantos que se dedican a hacer papel carbón, sólo por nostalgia .Los que más éxito tienen son los dedicados al papel de barba. Algunos no tienen papel y vagan por toda la calle con las manos en los bolsillos. Otros, se les mete dentro la fiera Corrupia y pierden los papeles, aunque siempre hay quien los aprovecha para venderlos y sacar unos céntimos. Ayer mismo, un vecino mío mantenía una fuerte discusión a la puerta del banco, llevaba en la mano unos cuantos papeles y decía que todo era papel mojado, mientras un paisa de piel oscura era parado por la policía porque no tenía papeles.

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