Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
(Rafael Alberti)
Rafael Alberti, el marinero que fue de tierra adentro, ya arrastrando ese sentimiento desde el título de su primer libro que recogió sus primeros poemas y al que denominó “Marinero en Tierra” ese mar que siempre estuvo presente en su obra añorando su ciudad de nacimiento Puerto de Santa Maria y que después las circunstancias de la vida lo llevaron tierra adentro….
El recuerdo especial para Feli que va unido al poema es que lo recitó en presencia de Rafael Alberti, cuando visitó Elche con motivo de la inauguración de la plaza dedicada al poeta con su nombre. Al mismo tiempo se presentó un CD con poemas cantados por el grupo Jovenívola del Instituto Pedro Ibarra.
Romero solo
Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero... solo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez solo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo un sepulturero,
no sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera...menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el Rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez solo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un sólo huerto
que sean todos los pueblos y
todos los huertos nuestros.
(León Felipe)
Inolvidable recuerdo para Feli de éste poema ya que lo recitó ante el entrañable padre Vicente Ferrer, con motivo de la inauguración de la inauguración de una sede en Elche. Todavía emocionada, recuerda que el padre, tras recitarla, la retuvo cogida de su mano buena parte del tiempo en que permanecieron en el acto.
Es la primera vez, y lo agradezco a Feli, que leo este poema de León Felipe. Me parece un poema lleno de vida que nos hace amar la vida, nos hace sentirla cantando precisamente a la frugalidad de las cosas, a que no nos adocenemos, que la rutina, que la monotonía de nuestras vidas no nos haga perder la pasión y el sentido de ella. Ese paisaje que hemos de ver como si no fuéramos a verlo más; esa flor que viéndola de forma individual, sintiéndola como tal y única, nos haga amar a todas las flores; ese sentir la vida como un romero que sabe que no volverá a pasar por el mismo sitio y ve lo que le rodea de manera singular e intensa, de tal forma que como dice en el poema: “Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo” y sepamos por lo tanto valorarlas sin esa costra de la rutina en el cuerpo y la falta de sentimiento en el alma.
Me ha llamado la atención especialmente, esta estrofa:
“Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera...menos un sepulturero.”
La encuentro genial, porque un sepulturero hará su trabajo de forma rutinaria sin ese sentimiento que toda persona fallecida debe provocar y que es lo que debiera dar sentido a cualquier entierro, para ser digno, para que esa persona se lleve el último homenaje de sus persona queridas: su sentimiento. Es un resumen genial de todo lo que intenta trasladarnos el poema, poner sentimientos, pasión a nuestra vida, simplemente siendo conscientes de ella, de la singularidad de la que vivimos cada uno de nosotros.
Con dos años, dos flores
Con dos años, dos flores
cumples ahora.
Dos alondras llenando
toda tu aurora.
Niño radiante:
va mi sangre contigo
siempre adelante.
Sangre mía, adelante,
no retrocedas.
La luz rueda en el mundo,
mientras tú ruedas.
Todo te mueve,
universo de un cuerpo
dorado y leve.
Herramienta es tu risa,
luz que proclama
la victoria del trigo
sobre la grama.
Ríe. Contigo
venceré siempre al tiempo
que es mi enemigo.
(Miguel Hernández)
Poema que Feli dedica especialmente a Daniel Fenoll, que hace cuatro años, cuando tan sólo contaba catorce años y a consecuencia de una accidente de moto, pudo quedar tetrapléjico y gracias a su fuerza de voluntad y a los cuidados médicos hoy camina y se vale por si mismo. Y con él Feli quiere dedicarlo a todas las personas que como Daniel tiene ese valor para luchar por superar dificultades físicas y anímicas tan terribles.
El poema de M.H. es un canto que le hace a su hijo con dos años de edad, alentándole que siga siempre adelante, que finalmente proclame la victoria de ese trigo, de ese esfuerzo, sobre el abatimiento. Ánimo a todos los que os encontréis en esas situaciones difíciles.
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